mayo 6, 2014

Historia y Cultura

 APATZINGÁN. Su etimología.- Aún cuando muchos autores divergen en cuanto al significado de la palabra Apatzingán ya que algunos atribuyen al tarasco o purépecha por el ‘Tzin” peculiar en esta lengua. De acuerdo al Prof. José Corona Nuñez, estudioso de la lengua tarasca, “apatzi” era para los tarascos una deidad de la muerte, pequena ardilla, muy ágil que devora el maíz y a los topos en sus galerías subterráneas. Por lo tanto la palabra Apatzingán quiere decir: Donde esta el Dios Apatzi”, pequeñas ardillas que se conocen con el nombre regional de cuiniques, abundantes en tierra caliente. Esta interpretación la describe muy bien el profesor Corona Núñez en su importante libro “Mitología Tarasca”.

      Las pruebas existentes, tanto arqueológicas como lingüísticas indican que la ocupación de Apatzingán estuvo caracterizada por incursiones sucesivas de diversos pueblos, los cuales en ciertas épocas, alcanzaron la unidad cultural y política y probablemente uno de estos grupos estuvo compuesto de pueblos de habla Náhuatl.

A la llegada de los españoles la región de Apatzingán estaba ocupada por un pueblo sedentario y agricultor que pagaba tributos a los monarcas tarascos de Tzintzuntzan.

La dominación tarasca de esta región de tierra caliente, no representó probablemente ningún cambio importante en la vida de sus pobladores, excepción hecha tal vez de un mayor control político y de un grupo de gobernantes distinto del anterior.

La fundación de Apatzingán se reconoce a partir del año 1617, con la llegada de los primeros misioneros franciscanos y agustinos en su labor evangelizadora. Sin embargo, el establecimiento de españoles en la región no fue muy significativo dado las condiciones climáticas. En 1742 Apatzingán tenía 22 familias indígenas, 48 mestizas y mulatas y 34 españolas.

Durante toda esta época Apatzingán fue pueblo sujeto de Tancitaro, de mayor importancia en Tierra Caliente y la población más grande de la cuenca del río Tepalcatepec. Las tierras se extendían desde Acahuato por el norte hasta el río. Arimao en el sur, y las de San Juan de los Plátanos por el poniente hasta los Llanos de Antúnez.

En el periodo de lucha por la independencia, en Apatzingán se promulgó la primera Constitución Política de México, el 22 de Octubre de 1814.

Don José María Morelos escogió a Apatzingán para asiento del Congreso Constituyente, por iniciativa de José María lzazaga quien le hizo ver la conveniencia por lo dificultoso del camino con el interior del país, que lo ponía a salvo de los ataques del enemigo.

El Pueblo de Apatzingán fue elevado a la categoría de Municipio Libre con cabecera del mismo nombre, por la Ley Territorial del 1o. De diciembre de 1831. En Reconocimiento al hecho histórico ocurrido en 1814, la H. Legislatura local el 16 de Febrero de 1859 le otorgó el rango y título de “Villa de la Constitución”. Finalmente, por medio de un nuevo decreto expedido el 21 de Abril de 1883, Apatzingán adquiere la categoría de ciudad.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX Apatzingán sufrió los embates de la expansión territorial de los grandes latifundios sobre todo con el arrendamiento y subarrendamiento de tierras comunales amparadas por la autorización de las autoridades. Las principales haciendas fueron las de La Huerta, El Disparate, El Rosario, Tesorero, La Concha.

A la sombra de la paz porfiriana, los hacendados de Apatzingán destinaron sus tierras al cultivo del añil, arroz y cana de azúcar, y algunos otros cultivo para el mercado foráneo.

Durante la etapa de la Revolución, Apatzingán fue incendiada parcialmente, por el Coronel Cenobio Moreno, para sacar de la ciudad a un grupo de rebeldes que se encontraban posesionados de la plaza.

Moreno se había levantado en armas en la población de Parácuaro en contra del usurpador Victoriano Huerta.

A partir de 1913, surge la intranquilidad y toda la región queda sustraída a la acción del gobierno gracias a la presencia de grupos revolucionarios movidos por los generales García Aragón, Joaquín Amaro y Murguía.

Pasadas las revueltas revolucionarias y las luchas agrarias y sindicalistas, Apatzingán entra a una etapa de desarrollo sostenido gracias al impulso de Don Lázaro Cárdenas, quien siendo Vocal Ejecutivo de la Comisión de Tepalcatepec dedicó especial interés para hacer de Apatzingán uno de los centros económicos más importantes de Michoacán y del país.

A partir de 1947, se amplían el sistema de riego, mejoran los transportes, se impulsa la educación y la salud, crece la cobertura del alumbrado público, sistemas de agua potable, remodelación del pueblo, campanas antipalúdicas, fumigaciones, carreteras, puentes y aeropistas, e irrigación para una agricultura moderna.

Para 1942, Apatzingán estaba comunicado por correo y por telégrafo, como todos los pueblos de la región, pero las fallas telefónicas mantenían muy bajo el nivel de eficiencia de muchas operaciones.

Apatzingán era el centro de la red de autobuses locales que los conectan con otras comunidades y rancherías, así como terminal de las líneas foráneas y del ferrocarril. La prolongación de la vía de Uruapan a Apatzingán en 1941, fue la primera mejoría importante en la comunicación del municipio con el centro del país. Le siguió la terminación de la carretera pavimentada para Uruapan en 1952.

Producto de todas estas transformaciones, la inmigración se torna torrencial desde mediados del siglo. Fluyen hacia tierra caliente una cuantiosa cantidad de trabajadores agrícolas que permanecen con el plan durante la pizca de algodón y el corte de melón.

La inauguración del sistema de riego en 1950, moviliza a los agricultores comerciales. Llegan presurosos los productores de melón, muchos norteamericanos que desean aprovechar el clima y la abundancia de agua para producir melón vendible en los Estados Unidos.

En 1950 llegó la electricidad a Apatzingán, sustituyendo a los generadores de diesel. Ya para 1970, un noventa por ciento de los ranchos y rancherías tenían corriente eléctrica. Desde ese momento la electricidad fue una bendición para las plantas extractoras de aceite de limón, para las despepitadoras de algodón, la planta de barita y otras industrias.

Para 1970, Apatzingán ostentaba el título de cabeza de la tierra caliente. El importante desarrollo de su agricultura comercial fomento el crecimiento de una basta infraestructura técnica encabezada por ocho despepitadoras de algodón, ocho empacadoras de melón, ocho fábricas de aceite esencial de limón, siete fábricas de hielo y tres de insecticidas y fungicidas.

Apatzingán es un lugar central de la tierra caliente que genera una área de influencia inmediata con los municipios de Buenavista, Parácuaro y Aguililla, así como otros lugares centrales inmediatos como Nueva Italia y Tepalcatepec.

Comparte con el conjunto de tierra caliente la mayor dotación de tierras de riego en la entidad y se encuentra entre los polos de desarrollo agrícola más importantes sobre todo Guadalajara y la frontera y con el mercado internacional con el estado de California en los Estados Unidos.